1.12.10
Lo Mejor del 2010: La historia de Sofía, por Mario Tascón
De la mano de Sofía conocimos el fin del diario en papel. Todo esto empezó cuando pensamos en entrevistar al gurú ibérico para el diario Crítica, ya que, tal vez sin quererlo, se había convertido en un verdadero cronista de esa muerte anunciada.
Para no dejar de ser coherentes, la sección del diario, donde se pensaba publicar la entrevista, desapareció. La idea de esa doble central (la sección se llamaba Central) era dividirla visualmente en dos partes.
En la primera, en la parte superior, por donde entra el lector, hablar de un futuro (en presente) sin diarios en papel.
En la segunda parte hablaríamos de cómo hoy, con diarios en papel, estábamos llegando a ese futuro. Una especie de relato futurista, con racontos del pasado que son la actualidad.
La propuesta fue festejada por Tascón, quien se puso a escribir esa historia sombría y real, en exclusiva para nosotros, sin dejarnos hacer ninguna pregunta. Por todo esto, hoy queremos empezar con Lo Mejor del 2010, con su poderosa prosa.
Publicado por El Norbi Baruch a las 9:08 a.m. 0 comentarios
Categorías: Columnista: Mario Tascón, Lo Mejor 2010
Lo Mejor del 2010: No existen los kioscos
(Por Mario Tascón) Año 2025. No existen los kioscos, ni se vende ya prensa diaria en las tiendas. La gente recibe y lee información en sus pantallas flexibles y táctiles, también en las fijas de los hogares. Hay miles de ellas de diferentes tipos. Están de moda entre las portátiles unos polímeros semitransparentes y enrollables de tamaño cuartilla. Todo está conectado. Todo el mundo tiene acceso instantáneo a cualquier tipo de dato....
Casi ha conseguido tener razón Steve Ballmer, antiguo presidente de la también antigua compañía de software Microsoft (hoy parte del gigantesco entramado empresarial de Google), cuando en el comienzo de la desaceleración económica predijo contundente: "Dentro de diez años no habrá periódicos impresos". No han sido diez, han sido diecisiete. Tampoco ha sido perfecta la visión: quedan algunos ejemplares.
En la salida del metro de Nueva York se reparten todavía unos diarios gratuitos de tamaño muy compacto, a todo color y con pocas páginas. Son los restos del naufragio, de los pocos supervivientes que quedan en el primer mundo. Quién se lo hubiera dicho a Jan Stembeck y Pelle Tömberg cuando arrancaron en el año 95 con la primera edición del gratuito Metro en Estocolmo. La prensa gratuita, una de las últimas criaturas de Gutenberg, ha sido la única que sigue teniendo presencia en las calles. Ya no quedan muchos en el primer mundo. En cambio, este tipo de diarios se han conseguido mantener en los países emergentes y los menos desarrollados.
Sofía, de viaje de estudios en la antigua capital del mundo, recoge uno más curiosa que por necesidad. Se le hace extraño pasar las páginas de un conjunto de papeles sin grapar ni encuadernar, con lo cómodos que son los libros, pero, sobre todo, es raro que las imágenes no se puedan convertir en vídeo al toque del dedo. ¡Qué curioso artefacto!
En la calle ya apenas se escucha el ruido de la circulación. Está disminuyendo el uso de gasolina (y sus ruidosos motores) que se combina ahora con electricidad y las nuevas pilas de hidrógeno. Los vehículos van equipados con sistemas de manejo de voz que también pueden leer para el conductor las noticias, o nos permiten acceder, manejando el sistema de audio con precisos comandos, a cualquiera de las canciones que almacena uno en su sistema o el de sus amigos. Alguien le había contado a Sofía que parte de esos elementos se habían incorporado gracias a la compañía de Ballmer en sus tiempos de oro.
Los coches, como los periódicos, fueron muy criticados en las últimas décadas: demasiado consumo, demasiado gasto para el medio ambiente, demasiado feroces con el planeta. Pero nadie se atrevía a prescindir de ellos, era retroceder demasiado. De los diarios sí.
La industria automovilística se reconvirtió a toda prisa. De aquellos primeros híbridos que se presentaron en 2008 convive en la actualidad toda una gama de motores de hidrógeno que emiten vapor de agua, descendientes directos de los primeros. Motores más verdes, coches más verdes, pero el papel no era demasiado verde.
Los diarios eran prescindibles. Un día nos despertamos y descubrimos que se podían consultar por Internet y uno se ahorraba un dinero al mes. Estupendo en medio de una crisis.
El proceso había comenzado a finales del siglo XX. Se fue dejando de leer papel entre semana, poco a poco. Se mantenía la lectura de prensa el domingo. Muchos diarios se concentraron en la publicación exclusiva el fin de semana, incluso alguno se atrevió a dejar de imprimir de lunes a sábado. Los móviles y los pcs servían la actualidad el resto de días, a todas horas. En el fondo el ejemplar del domingo era un libro estupendo y ameno por un precio bastante barato. Tenía, además, un cierto componente de moda vintage. Era como los relojes de manecillas: los humanos los seguíamos llevando como un signo del pasado, como una señal analógica en el mundo digital. Nunca se impusieron los digitales de la década de los 80. Todo era preciso, menos nuestros relojes de pulsera y los periódicos de los domingos. Nos podemos permitir ciertos anacronismos.
Había pasado algo parecido con los libros. La gente seguía leyendo en papel literatura y poesía, en formatos de bolsillo y, todo lo contrario, también en lujosas ediciones. Habían desaparecido los libros de consulta, muchos libros de texto escolares, las enciclopedias. Aquí sí había acertado bastante el pensador Umberto Eco que clamaba hace ya 20 años: "El libro no ha muerto. Es el instrumento mas fácil, manejable y ergonómico para transportar información. Los libros continuarán con su función. Distinguiendo entre libro para leer y consultar. Las enciclopedias desaparecerán y se verterán en disquetes. Se leerán libros de poesía, novela, filosofía" !Que gracioso es que nadie se acordara de que, en su día hace siglos, se predijo la muerte del libro cuando aparecieron...los periódicos! ¿Quién iba a querer leer textos sin actualizar?
Sofía se pasa información actualizada con sus amigos a través de los sistemas de chat de las redes sociales y los móviles. Consulta nuevos meta-medios de información que le parecen más fiables que las viejas marcas. Además las cabeceras de los periódicos... ¿no eran las mismas que sus padres admiraban? y ¿desde cuándo una generación no ha deseado acabar con los símbolos de la anterior? ¿No fueron esos mismos periódicos los que no habían hecho su trabajo en la vieja e ilegal guerra de Irak?
La gente joven cada vez se había alejado más de los medios convencionales, a los que consideraba aburridos, y, lo que es peor, presos de intereses de los entramados empresariales a los que pertenecían. ¿Quién podía fiarse de una crítica literaria si el dueño del diario era también el de la editorial del supuesto best-seller? ¿Quién podía creer los reportajes sobre una serie de televisión que se emitía en una cadena concedida por el gobierno al mismo dueño? ¿Quién podía fiarse de unas televisiones sujetas por los intereses políticos, en el caso de las públicas, y a los empresariales, en el caso de las privadas?
Los jóvenes indultaron a algunas versiones digitales de los deportivos (los más inocuos) pero condenaron definitivamente a muerte a las versiones digitales de los grandes diarios. No eran creíbles.
Cuando Sofía nació comenzaba la época de los reporteros freelance que publicaban en blogs casi personales. Para lo que pagaban en los medios era mejor intentar montárselo por su cuenta.
Los blogs y esos reporteros arrebataron a la prensa toda su influencia porque, además, muchos de los diarios nunca quisieron abrir sus columnas de opinión al diálogo con sus lectores. Si la opinión de uno se protege el territorio queda abierto a los demás, que no tardaron en ocuparlo.
Todavía hoy resuenan infantiles las críticas altaneras a medios como la primitiva versión del HuffingtonPost: "¿quienes son esos amateurs que piensan competir con el Times y el Post?". El germen del desastre se escondía en la soberbia.
También fue tarde cuando el Post, que había sido incapaz de retener a algunos de sus mejores periodistas cuando fundaron Político.com, quiso lanzar un sitio sobre política tres años después del éxito de sus ex-empleados. No llegó a durar un año.
El equipo del primer presidente negro de EEUU, Barack Obama, ya se empleó a fondo en aquellas fechas para ganarse el respeto del HFP, así como de Politico.com, porque se daban cuenta de que iban a ser las primeras elecciones en las que los medios digitales puros se convirtieron en la punta de lanza de las nuevas generaciones. Mientras el Post y el Times se debatían en una desangrante guerra interna para reducir los costes de las operaciones de papel e Internet, los medios puros digitales avanzaban sin complejos.
A Sofía le apareció de repente un aviso en su nuevo teléfono Nokiorola (se seguían llamando teléfonos a unos pequeños polímeros que ahora eran ordenadores, monederos, llaves, tarjetas de crédito, cámaras, por supuesto agendas e incluso pasaportes digitales a la vez) sobre un un piso que le iban a enseñar a su vuelta y se preguntaba cómo podría la gente buscar piso hacia unos años, sin haber visto las fotos, sin conocer las opiniones de otros posibles compradores, sin que los sistemas de geolocalización les llevaran hasta la puerta. Había escuchado a su padre que antes se buscaban los pisos mirando listas en papel. Algunas veces dudaba que eso hubiera existido...
Pero todavía le sorprendía más el tema de la búsqueda de trabajo. ¿Cómo podía alguien leer cada domingo anuncios? Lo lógico era que el sistema de recomendaciones personal le fuera encontrando a cada cual el trabajo donde se pudiera desenvolver más feliz, coincidiendo con las necesidades de unas empresas que, por cierto, adoraban los sistemas de cruce que estaban haciendo que la producción aumentara al encontrar digitalmente a los trabajadores que más se adecuaban a las necesidades de cada puesto de trabajo.
La desaparición de los anuncios clasificados de las páginas de papel que ya se había anunciado a finales del pasado siglo había seguido inexorable en las dos primeras décadas del actual.
Los anuncios nunca volvieron a la prensa. La gente buscaba pisos, coches y trabajo con sus dispositivos electrónicos. Todo estaba en aquella gigantesca base de datos llamada CraigBay.
La llegada de Obama a la presidencia cambió muchas cosas, y coincidió con la crisis del trienio 2008-2010. Nunca nada más fue igual para los periódicos.
Despidos, reconversiones, y, mientras se aliviaban las cuentas de resultados, apenas se prestaba atención a la calidad del periodismo. Cada vez se vendían menos diarios y los empresarios se empeñaban en convencer a los periodistas, diseñadores y áreas de gerencia que la salvación estaba en unificar las operaciones de impreso y digital. Y allí tenías a miles de profesionales desorientados, en caóticos e improvisados procesos de formación, perdiendo terreno en aquel lugar que habían dominado durante siglos y sometidos a los envites de los nuevos medios en un territorio digital que ni siquiera acababan de comprender, y en el que eran guiados por temerosos timoneles.
Aquí estaba una de las principales razones de que la industria convencional fuera incapaz de recuperarse...
El último semestre del año 2008 y todo el 2009 se convirtieron en uno de los peores tiempos que se recuerdan en la industria periodística de Estados Unidos, pero a continuación le siguieron Europa, Argentina, Chile y, por supuesto, varios de los tecnológicamente adelantadísimos países asiáticos.
Coincidiendo con la siguiente presidenta demócrata, Hillary Clinton, las cosas empeoraban para la prensa.
Google compró en 2012 la agencia de noticias AP, tras años de enfrentamientos con los editores de todo el mundo. Google atacó directamente a las versiones digitales de los diarios con un nuevo Google News en el que prácticamente usaba los recursos de la agencia Associated Press (que contradicción era ahora ese nombre) como una de las redacciones del gran sistema de noticias que gestionaba.
Para los diarios era ya imposible unirse. Cada uno de los pequeños imperios multimedia no eran capaces en sus mercados locales de competir con las nuevas versiones de un Google News cada vez más inteligente y con una redacción humana excelente, la que ahora aportaba Associated Press.
Sofía era muy pequeña y no lo ha vivido, pero ha estudiado todo en su carrera de comunicación. Ahora está con sus compañeras de estudios delante del edificio que fuera diseñado por Renzo Piano como sede del periódico más importante del planeta: The New York Times.
Los nuevos dueños del inmueble, Ervick, el mayor distribuidor de contenidos del planeta para pantallas, habían mantenido algunas plantas para el Times -tuvo 28 a principios de siglo- justo las necesarias para la realización de la edición impresa del fin de semana y la edición digital.
De lunes a sábado el Times sólo existía en la Red.
El resto del rascacielos estaba ahora ocupado por el personal de Ervick, la segunda mayor corporación digital del planeta. Igual que los periódicos solían guardar y exponer en el hall una antigua máquina tipográfica alrededor de la que se solían concentrar los niños de los colegios que los visitaban, Ervick había decidido mantener lo que quedaba del Times en su edificio para que hubiera un ancla con el pasado, para representar la tradición. Separada en una esquina de la entrada -extraña, como si no fuera de allí- se encontraba una máquina expendedora de ejemplares de cuando existían las monedas de metal.
Publicado por El Norbi Baruch a las 9:07 a.m. 0 comentarios
Categorías: Columnista: Mario Tascón, Lo Mejor 2010
Lo Mejor del 2010: Periodistas, robots y usuarios
(Por Mario Tascón) Sofía formaba parte de un grupo selecto de estudiantes que iban a visitar, por primera vez en mucho tiempo, lo que eran las instalaciones de la redacción digital del Times. Ervick se encontraba inmersa en una campaña de relaciones públicas para mejorar su imagen frente a Google, su principal competidor. Entre las acciones más destacadas estaba abrir las puertas de una redacción emblemática para que, tras la correspondiente firma de los MOU (Memorandum of Understanding, un pacto por escrito asegurando que guardarían silencio) y la activación del PSES (Permission Security Eraser System, que inutiliza e incluso borra todo aquello reflejado o grabado con algún dispositivo digital relativo al tema del MOU) pudieran asistir al funcionamiento del mejor y más preciso sistema de publicación de noticias y entretenimiento del mundo. Ningún dispositivo digital podría grabar ni transmitir nada.
Una sonriente azafata hindú recibió al grupo con una gigantesca sonrisa.
- ¡¡Bienvenidos a Ervick!! Me llamo Indulekha y voy a guiaros en esta visita histórica. Sois, como ya sabéis, parte de un selecto y particular grupo de público a los que, por primera vez, la compañía permite visitar las instalaciones principales, incluida nuestra famosa sala de redacción central.
La relaciones públicas empezó a caminar de forma increíble: mirando hacia ellos y marchando hacia atrás, subida a unos gigantes tacones, pero sin volver ni una vez la cabeza, como si hubiera realizado ese recorrido mil veces hasta el punto de tenerlo tan memorizado que atravesaba pasillos y subía escaleras de la forma más natural.
- Todos sabéis qué es Ervick: vuestra manera de comunicaros, el sitio donde localizáis información para vuestro estudios, vuestro centro de escucha musical y la principal plataforma de consulta de videos e información en cualquier tipo de formato.
- ¿No sigue siendo GoogleNews la principal plataforma informativa?. Preguntó insolente uno de los muchachos del grupo.
Sin inmutarse la guía contestó:
- Con todos los respetos para nuestros viejos (nunca mejor dicho) –sonrió- competidores de la costa oeste, Ervick es desde hace dos años el principal sistema informativo y de entretenimiento del mundo. El propio sistema de auditoría de audiencias de Google lo ha venido asegurando en sus informes desde hace tiempo. Ellos son de otra época.
Se pararon en una sala donde, encerrada en una urna de cristal blindado con un sistema de espejos para que varias personas pudieran verla a la vez, se encontraba uno de los escasos ejemplares bien conservados que quedaban en el mundo de una Biblia de Gütenberg, el que se decía primer libro impreso con prensa de tipos en Occidente.
- Hemos comprado este ejemplar como homenaje a los orígenes. Perteneció a un importante editor de periódicos latinoamericano. Sus herederos nos lo vendieron un poco antes de cerrar las cadenas de periódicos que tenían. Hasta nuestra compra no figuraba en la lista de ejemplares conocidos, por lo que éstos han aumentado hasta 50.
Mientras avanzaban la guía seguía desglosando las bondades de la compañía:
- Ervick ha desarrollado el mejor sistema de selección de profesionales del mundo. Los trabajadores tenemos libertad para elegir el lugar de trabajo. No importa el país, ni si queremos estar en nuestras casas. Lo importante son los proyectos y el funcionamiento de los maravillosos productos que ofrecemos. Todos participamos del "espíritu Ervick".
Había entrado hacía tres meses, pero para los que trabajaban en el Olimpo de las empresas, debía ser tiempo más que suficiente para parecer que trabajaba allí desde la fundación (hacia 5 años).
En la tercera planta, tras salir de los ascensores y ver una foto gigante de la redacción panorámica que hubo a principios de siglo, les condujeron a un pasillo acristalado desde el que se avistaba la misma sala de redacción del Times y actual centro de noticias del mismo.
No había nadie.
Donde antes se amontonaban mesas y periodistas, ahora había máquinas, más máquinas, racks de luces y cables y sobrevivían las pantallas gigantes. Pero lo que en tiempos eran imágenes de las televisiones había sido sustituidas por señales de monitorización de actividad del sistema de noticias. En algunas se veían imágenes de la Tierra girando de la que salían columnas y luces, supuestamente representando las informaciones consultadas en ese segundo desde esos puntos. En otras caían una especie de burbujas que al estrellarse en la parte inferior desplegaban el titular de la noticia que acababa de entrar en el sistema. Más allá otras pantallas mostraban imágenes continuas de los vídeos y programas más consultados en los pocos medios que quedaban de la competencia.
Ninguno de los estudiantes se hubiera imaginado que tras aquellas paredes no había una redacción convencional, con gente. Pero...¿y los periodistas dónde estaban?
Están fuera, en la calle, reportajeando como en el principio del periodismo. Ervick comprendió muy pronto que las máquinas podían realizar perfectamente el trabajo más burocrático, ayudadas de algoritmos en aquello que había venido a llamarse la web semántica. Luego llegó la Singularidad y todo mejoró aún más. Los periodistas no necesitaban estar atados siempre a un lugar físico y se encontraban donde estaba la noticia, pudiendo transmitir desde allí mismo. Los diseñadores sólo intervenían en los trabajos mas creativos porque los fijos los hacían ya las máquinas. Mucha gente cubría la actividad de ese mundo virtual paralelo denominado Internet y para eso no era necesario estar en un lugar físico concreto: vivían también en ese mundo virtual paralelo.
Ese era el secreto del éxito de Ervick: las máquinas realizaban muy bien el trabajo masivo y los seres humanos, las redes de bloggers, los mobile journalists y los usuarios desarrollaban aquello que sólo ellos podían hacer bien y que las máquinas no realizaban. El talón de Aquiles de Google en la fabricación de contenidos periodísticos y de entretenimiento había sido basar casi todo en la matemática y los algoritmos. La aportación de la agencia AP a Google News no había sido suficiente porque estaba demasiado burocratizada para aportar suficientes materiales frescos.
El futuro del periodismo residía en una correcta combinación entre profesionales, robots y usuarios.
Induleka, la guía, le hizo una señal a todos:
-¡¡¡Por favor!!! ¡Escuchádme! Ervick tiene una sorpresa para vosotros. Sois las primeras personas ajenas a la compañía que habéis podido ver nuestra sede central. Ahora queremos que seáis los primeros periodistas que prueben nuestro nuevo sistema de grabación y emisión: ErvickME.
Varios trabajadores de la compañía se acercaron al grupo de estudiantes y les ayudaron a colocarse un nuevo tipo de cámaras digitales que permitían grabar y emitir imágenes de video en alta definición con un ángulo de casi 360 grados.
Los usuarios que recibían la señal en sus pantallas podían tener una sensación visual y auditiva tan cercana a la realidad que Ervick había decidido rebautizar el tradicional concepto de transmisión por el de "inmersión". Los lectores digitales podían acompañar a los bloguers y periodistas móviles como si estuvieran alli.
Ahora Sofía y los demás ya saben mucho más porque lo han visto. Y si además de verlo lo cuentan serán periodistas, aunque sus dispositivos digitales no hayan podido grabarlo. Ser periodista, con cámaras de última generación o sin ellas, es tan básico como contar a los demás historias que les interesen, aunque sea sólo con la voz.
Publicado por El Norbi Baruch a las 9:06 a.m. 0 comentarios
Categorías: Columnista: Mario Tascón, Lo Mejor 2010
26.11.10
25.11.10
Contra la Violencia de Género 1: Maten a las gordas
(Por India Herrera) Hace un tiempo, el suplemento YoDona del diario El Mundo de Madrid convocó a varias agencias de publicidad de la península para que realizaran una campaña gráfica contra la violencia de género. Esta pieza muestra una de las formas más sutiles de violencia de género.
Me crié viendo las revistas que hacían culto de la languidez, donde una, inevitablemente, se siente gorda. Cualquiera al lado de esas fotografías se siente mal, muy mal. Y no se como, pero parece que los hombres también miran estas revistas. Porque, mientras en público, se hacen los muy machos, hablando de fútbol y fierros, terminan comprando y leyendo revistas como Elle o Vogue.
Una concluye semejante hipótesis, porque sus miradas pasan a través del prisma estético que proponen esas revistas. Da dolor. Da bronca.
Parece una conspiración en la cual se mezclan los hombres, las revistas para mujeres, las firmas de ropa, y hasta las víctimas, o sea las mujeres. En 1973 se produjo un robo con toma de rehenes en la sucursal de Estocolmo del Banco Kreditbanken. El incidente duró 6 días y cuando terminó todo, los fotógrafos pudieron captar el momento en que una de las víctimas besaba a uno de los captores. Esto que se conoce como el Síndrome de Estocolmo se reconoce todos los días, a cada rato, en las mujeres que aman a hombres que les hacen mal, a marcas que se burlan de ellas fabricando talles que no sirven para una mujer que ya pasó su primera menstruación. Viva las chicas XL (yo soy una).
(Hace un tiempo publiqué ésta pregunta y todavía no he obtenido una respuesta: No se si el editor de Mala, el Señor Baruch, se animaría a fotografiar una gordita)
Publicado por El Norbi Baruch a las 1:04 p.m. 1 comentarios
Categorías: Mujer